Restaurante Misono, Kobe (Japón)

Yo comí carne de Kobe en Kobe

Últimamente todo el mundo sabe lo que es la carne de Kobe y a casi todo el mundo se le llena la boca al decir que la ha comido en tal o cual restaurante. Alaban sin ninguna contención su calidad y no rechistan cuando les toca pagar la cuenta. Claro, es que es carne de Kobe, se dicen así mismos.

Ilusos.

Son unos ilusos, por no llamarlos algo con más grasa. Y es que yo me sé contener, y además, debo contenerme, al fin y al cabo este no es mi blog. Soy un invitado, privilegiado invitado, que ha tenido la suerte de comer Kobe, la auténtica carne de Kobe en Kobe, como no podía ser de otra manera. Y mi amigo Markos R. ha creído conveniente que cuente aquí mi experiencia. Pues bien, allá va.

Mi experiencia es 80€ los 100gr. Sí, 80€ los 100gr quiere decir que la chuleta de kilo de Kobe sale a 800€. ¿Alguno de los que habéis comido Kobe por esta parte del mundo habéis pagado algo parecido? No os molestéis en contestar; es una pregunta retórica.

La gente paga por una hamburguesa de supuesta carne de Kobe 15€, y se queda tan ancha. La verdad, es que yo no tengo ni idea de qué lleva esa hamburguesa, ni si está buena o no, porque ni pienso preguntar por ella y, ni mucho menos, pagarla. Si vosotros lo hacéis, que sepáis que os están engañando y os dejáis engañar, que es lo peor. Y esto no es una cuestión de calidad gustativa, es una cuestión de legalidad.

Como decía, yo comí carne de Kobe en Kobe, en el mismo lugar donde nace, donde se cría, donde se sacrifica y donde, si la calidad de la res en cuestión lo vale, recibe el correspondiente certificado. Porque, tenéis que tener una cosa muy clara, no todas las reses que nacen en Kobe alcanzan una calidad suficiente para ganarse el certificado. Esto supone que hay una cantidad limitada de carne de “Kobe y que ni siquiera en Japón es fácil dar con ella en los restaurantes. Por eso, cada vez que veo en la carta de un restaurante de este país chuleta de Kobe, me dan ganas de llamar a la policía.

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Misono es el nombre del restaurante al que yo fui. Está ubicado en el centro de la ciudad en la octava planta de un edificio acristalado. Esto llama mucho la atención; la mayoría de los restaurantes o bares de Japón o están el las plantas altas de los centros comerciales o en el subsuelo, casi nunca a ras de suelo, como sucede por aquí. También es muy llamativo que casi todos los restaurantes están especializados: los hay especializados en okonomiyaki, los hay en sushi, en ramen, en yakitori y, por supuesto, en carne.

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Misono tienen una carta corta. Unas 5 opciones para degustar carne y una para langosta. La razón por la que aquí combinan la carne con el marisco está en la forma de cocinar. Misono es un restaurante especializado en teppanyaki. La plancha es curva y va paralela a la cristalera y los comensales se sientan mirando hacia el exterior, aunque el verdadero espectáculo está dentro.

En la carta, además de carne de Kobe, hay otras opciones más baratas, ¡pero qué hostias!, soy de Bilbao y no he viajado hasta Japón para conformarme con otro tipo de carne.

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Una vez elegido el menú, te traen la chuleta y te la muestran cruda para que le des el visto bueno. Hay tantas vetas de grasa que el color rojo apenas se distingue. Esto sí que es carne de Kobe, me dije. Asentí. Ahora, es momento de elegir cómo la quieres. Medium, respondí. Si vais por allí, os aconsejo que pidáis, muy poco hecha, porque la médium allí es como la hecha aquí.

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La sirven con unas finísimas rodajas de ajo y te invitan a pasar la carne por la soja antes de meterla a la boca y entender por qué cuesta lo que cuesta. Es una carne estupenda, suave, mantecosa y con un sabor dominado por la grasa. Quizá esta sea la gran diferencia con respecto a otro tipo de carnes, la alta presencia de grasa, que puede llegar a perturbar el disfrute a los que no estamos acostumbrados. Pero a mí me gustó.

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Tengo que decir que la salsa de soja la probé por cortesía, así como una mostaza suave al paladar, aunque me hubiera gustado no haberlo hecho; tanto la soja como la mostaza (esta algo menos) le da demasiado sabor, ocultando lo que realmente importa, la carne. Lo mismo me ocurrió con el ajo. Yo no soy ningún entusiasta de esta planta, pero me gustó, aunque tanto sabor acaba por enmascarar lo que uno había ido a buscar: la auténtica carne de Kobe.

Texto y fotos: Diego Jambrina, fotógrafo y viajero de www.a50mmdelmundo.com